Me ha sucedido ya en varias ocasiones que, yendo por la calle o estando en un lugar público, comienza a hablarme alguien quien, por la tendencia que muestra desde la primera palabra, aparece como participante de la orientación de Vox. No es que me parezca mal que alguien, espontáneamente, quiera compartir un comentario conmigo sobre algo que siente o piensa al hilo de lo que se ve. Al contrario, yo también tengo esa costumbre de aventurarme con desconocidos, dirigiendo alguna palabra que me parece pertinente y tal vez graciosa. Esta aventura sale bien en bastantes ocasiones, pero otras veces sale mal… Evidentemente, es más propio de gente mayor. A un joven no te puedes dirigir en la calle pues ya va conectado con sus auriculares y, si lo hicieras, tendrías que hacerlo con un previo “perdona”. Es muy agradable intercambiar con alguien unas palabras en una acera o parado en un semáforo, cuando se produce una convergencia en una impresión o en una opinión. Pues bien, los de Vox hacen comentarios sobre los inmigrantes que se ven, sobre el mal espectáculo (visual) que dan o prejuzgando sus intenciones: “vienen a liarla”. Como yo no tengo esa percepción del asunto, me resulta difícil tratar con ellos e intento escabullirme, sin dar tampoco una mala palabra o una refutación en regla. Pienso que son gente que necesita que alguien les dé la razón y por eso se lanzan a hablar, como suponiendo que la mayor parte de la población piensa como ellos y como queriendo confirmar empíricamente esa impresión. Efectivamente, piensan que son realmente una mayoría social, impedida de manifestarse, tapada, por la tendencia dominante en los medios de comunicación, de los que piensan que todo lo pervierten.
Pero no estoy diciendo que sólo ellos necesiten que se les dé la razón. Hace días me acordé del caso de una persona conocida que se reunió conmigo con la clara intención de que yo lo corroborara en sus opiniones de izquierda. Esa persona arrastraba el problema de otra persona muy cercana que precisamente lo humillaba y acosaba con sus opiniones de derechas y lo ridiculizaba por su tendencia. Claramente estaba en una situación de agobio. Como yo no pude corroborarlo, luego no ha vuelto a llamarme… porque claramente me necesitaba para ello.
Con esto, lo que quiero indicar simplemente es que todos, en realidad, tenemos esa tendencia a buscar que los demás nos reafirmen en lo que ya pensamos. Es mucho más difícil abrirse sinceramente a las refutaciones de los otros con vistas a mejorar nuestro modo de pensar. Y esto también quema mucho –es verdad–, de modo que al final nos juntamos con los que piensan como nosotros…



