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15 julio, 2025

"HIJOS DE PUTA"

 

                            




       En nuestro país funciona como insulto, el más grave de todos, el de “hijo de puta”. Además, para mujeres, el de “puta”. Ambos son susceptibles de ser analizados y, de resultas de ello, revisados. Porque, siendo el lenguaje un instrumento que cambia con el tiempo, nunca se puede proclamar como inmutable. Antes bien, habrá que modelar el lenguaje de acuerdo a los valores que son realmente vigentes.

       Ambos adjetivos están suponiendo que es malo ser una “puta”, que sería el término vulgar para denominar a una mujer que ejerce la prostitución. Tradicionalmente se ha considerado que tal cosa implica un vicio, un vicio de la misma persona que practica sexo a cambio de una prestación económica. Hoy en día hay una tendencia que es la de los “abolicionistas”. Éstos ven a la prostituta como una víctima, víctima de un sistema (machista o patriarcal) y víctima de una serie de personas concretas que son explotadores, entre los que se cuentan quienes se lucran con el negocio y quienes participan como clientes. Otros vemos el tema de otra forma, pensamos que se trata de una actividad legítima en cuanto forma parte de la libertad sexual y de la libertad de comercio y que hay que regularizarla, precisamente para aislar y perseguir a las mafias, discerniendo a las personas que están propiamente esclavizadas de las que tienen libertad. (Por cierto, que no vale decir que no son libres porque se vean abocadas por su situación socioeconómica a tal oficio, pues en esa situación se encuentran en realidad una mayoría considerable de las personas que trabajan.)

       Pero, en fin, voy a lo que quiero ir. Tanto si son víctimas a las que hay que liberar como si son personas que practican una actividad legítima, en ninguno de los dos casos habrían de ser objeto las prostitutas (como tampoco los prostitutos) de ningún género de reprobación o desprecio. Y un segundo paso en la argumentación. Aunque fueran objeto de una justificada reprobación, ¿a título de qué habría de trasladarse esa reprobación a los hijos? Como se suele decir, ¿qué culpa tienen ellos? ¿Es que vamos a participar de la antigua mentalidad bíblica y corporativa por la que los descendientes sufren el castigo, o la venganza, por las faltas de sus ascendientes?

       Por estos motivos digo que deberíamos olvidarnos de un insulto que ya no se corresponde con la mentalidad actual.

19 abril, 2024

¿DÓNDE ESTÁN LOS DERECHOS HUMANOS?


 


     

       Es interesante reflexionar sobre el lenguaje que se usa cuando se habla de los derechos humanos. Se tiende hoy a hablar de un “derecho”, y a exigir su cumplimiento, cuando una legislación lo establece como tal. Por ejemplo, en la legislación española y de otros países, desde hace años, el aborto está definido como un derecho de las mujeres. Ahora, cuando alguien discute si es lícito abortar o no, ya no se establan, como en décadas anteriores, debates sobre a partir de qué momento una vida humana se considera como tal, qué es lo que constituye a la persona, etc. Simplemente se proclama que es un “derecho de las mujeres” y se da a entender que no se puede discutir ya. Pero en otras épocas hubo discusión sobre esas cosas, de modo parecido a como ahora la hay sobre el cambio de sexo. En otros países se dan movimientos que pretenden revertir la permisividad del aborto. En cambio, para los abortistas no se trata ya de permitirlo en determinados supuestos, lo que implicaría reconocer que es en principio malo. En cuanto la ley lo establece es ya un derecho. No se discute ya con el que lo niega. Simplemente se lo descalifica como un retrógrado, como alguien que, incomprensiblemente, pretendería dar un paso atrás.

       Se debería recordar la historia. Antes de que un derecho aparezca en la legislación se ha “luchado” por él, como ocurrió en la primera mitad del siglo XX con el voto de las mujeres. Y se lucha con argumentos, intentando convencer a los que no lo ven claro en ese momento. Entonces, cuando un derecho aparece ya en la legislación, ¿se lo está “reconociendo” o se lo “crea”? Si se lo “crea”, ¿por qué se luchaba antes por él, dado que no existía aún como tal derecho? Era tal vez una decisión de la voluntad de los que lo defendían como tal, a quienes se oponían otras voluntades. Y si se lo “reconoce”, donde estaba antes: ¿en la naturaleza humana abstracta?, ¿en una conciencia colectiva?, ¿en Dios? Y si se trata de un “reconocimiento”, de algo que tarde o temprano habrá de ser reconocido porque tiene un carácter previo de objetividad, ¿cómo interpretar que unos lo defiendan previamente y otros se opongan? Si en lugar de tomar nuestra referencia en la legislación concreta de los países nos fijamos en las declaraciones teóricas como las que proclaman a veces las organizaciones internacionales, sólo estaríamos trasladando la cuestión a ese otro ámbito de decisiones. Una declaración de ese tipo surge también en un determinado momento, es también fruto de un consenso o de la imposición de unas voluntades sobre otras que no lo ven tan claro o que tienen incluso una alternativa, como a veces se dice desde el islam.

       A mí me deja bastante insatisfecho que los “derechos” sean fruto de un juego de voluntades, pues parece que la misma palabra “derecho” lo que sugiere es algo firme, indiscutible, algo que está por encima de unas voluntades que se imponen o que se resignan. Reconozco por otro lado que la alternativa no está clara, pues sólo podría basarse el fundamento último de los derechos humanos en una entidad abstracta que unos aceptarán y otros desacreditarán porque a su vez no tiene fundamento…

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