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10 noviembre, 2022

LEY DE MEMORIA DEMOCRÁTICA

La recién aprobada Ley de Memoria Democrática (octubre de 2022) no significa, como proclama algún líder político adverso, que el actual gobierno se preocupe por los “muertos” mientras que ellos, de gobernar, se preocuparían de los “vivos”. Significa que se reconoce a las víctimas de la guerra civil y la dictadura de Franco como tales. Las víctimas no son privativas de algunas épocas más convulsas de la historia. En realidad, vivimos en un mundo de víctimas, por múltiples motivos. Reconocer a las víctimas, las de ahora y las del pasado, las más cercanas y las más lejanas, forma parte de un humanismo eficaz. Olvidarlas es una crueldad. Si lo hacemos, nosotros mismos nos convertimos en inhumanos, pues resultamos insensibles, indiferentes, al sufrimiento de los demás. Para justificar la necesidad de esta atención hacia las víctimas de todo tipo, no tenemos más que ponernos en su lugar y recordar la sensación de soledad y de abandono que nos agobia cuando somos nosotros quienes sufrimos, por motivos más o menos grandes, quizá nimios en algún caso, y observamos que los demás pasan de largo. El que sufre solicita que los demás lo miren, pide ayuda siempre, de un modo u otro. Somos humanos cuando sufrimos y cuando prestamos ayuda. En ambas acciones nos reafirmamos como humanos. Otra constante de la humanidad es el recuerdo agradecido hacia los difuntos, aquellos precisamente que han hecho posible nuestra vida, la que ahora gozamos, aun en el caso de que ellos no hayan sufrido en sí ninguna violencia en especial.

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