La catedral de Ruán (Normandía, Francia) es una de las más imponentes joyas del arte gótico. En su fachada se aprecian dos torres, una al norte, la de San Román, y otra al sur, llamada “Tour du Beurre”. Debe esta denominación a la manera como fue financiada su construcción, por las limosnas que los fieles ofrecían para poder ser eximidos de la prohibición de la “mantequilla” en el tiempo de Cuaresma. Es patente que en la Edad Media se recurría a este tipo de métodos para conseguir dinero, más allá del sentido auténticamente cristiano que tienen la limosna, una manera de compartir y de desprenderse de lo material, y las prácticas ascéticas, que tienden a un mayor dominio de las propias tendencias corporales. Además de esto, el simbolismo de cualquier torre, no sólo en el cristianismo sino también en otras religiones, apunta también al desprendimiento de los bienes humanos, a los que no se trata de renunciar, lo que sería renunciar a la vida. Por el contrario, los bienes humanos de todo tipo se “disfrutan”, se “agradecen” y se “comparten”. Es lo que, mediante un acróstico, podríamos llamar DAC. Vividos de este modo, los bienes humanos lo son en Dios, lejos de apartarnos de Él.
Bienvenidos al Blog de Javier Moreno Pampliega. En este sitio encontrarás una reflexión sobre el tema filosófico de la verdad y sobre las religiones en cuanto portadoras de tal verdad.
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30 mayo, 2023
02 noviembre, 2022
ALMINARES DE MARRUECOS
Me fascinan las torres de edificios religiosos, sean éstos iglesias, mezquitas u otro tipo de construcción. Su verticalidad remite al cielo, donde tradicionalmente, según la cosmovisión de diferentes religiones proféticas, habitaría la divinidad omnisciente que todo lo controla. En lo alto de una torre, uno parece hallarse, según ese esquema espacial, más cerca de la divinidad, y también, por lo mismo, más lejos de la mezquindad, de las miserias humanas. Se juntan por tanto, en la contemplación de una torre o cuando contemplamos desde ella, dos evocaciones, la del acercamiento a lo divino y la del alejamiento del mal de esta tierra. Si tenemos que resumir con una sola palabra ambas evocaciones, diremos que una torre sugiere la idea de santidad. Y aún una sugerencia más: la belleza de estas construcciones es expresión de la belleza suprema, belleza de la que participan en mayor o menor medida los seres de este mundo.
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