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28 diciembre, 2023

CEMENTERIO DE BURGOS












 

       En este año 2023 se ha creado en el cementerio de Burgos un monumento recordatorio de las víctimas del franquismo, desde 1936 hasta 1946. Ya en los años de la transición se plantó una encina dentro de una estructura de hormigón. La encima, naturalmente, ha crecido hasta desbordar aquel marco que se le puso. En aplicación de la Ley de memoria democrática se ha ampliado el monumento, sobre todo con la colocación de unas placas que recogen los nombres de las víctimas que se han documentado. Recordar con agradecimiento a nuestros difuntos es un deber de justicia, a los cercanos (por parentesco, amistad o ideas) y a los lejanos. "Nuestros difuntos" no se oponen a los difuntos "de ellos". Nuestros difuntos son todos los que nos han precedido en la tierra y han posibilitado lo que ahora somos. Si son víctimas de violencia, el motivo para reconocerlos es, si cabe, aún mayor.

16 diciembre, 2023

RESORTES HUMANOS


                                             


       El capitalismo se presenta hoy como sistema económico no ya hegemónico o imperante sino como el único, como si ni siquiera pudiera plantearse otro. A lo sumo se propone “refundarlo” para adaptarlo a las nuevas circunstancias. Y es verdad que el capitalismo posee una muy eficaz capacidad de adaptación, de modo que siempre resulta, por así decir, evolutivamente triunfante. Como si tuviera un profundo núcleo de arraigo en la naturaleza humana que lo hiciera insustituible… Yo sí creo que el sistema se impone y no tiene competencia, por su adecuación a la naturaleza humana real. Entiendo que el sistema económico capitalista guarda una correspondencia perfecta con la fenomenología del yo humano, el que se manifiesta en todo tiempo y en todas las latitudes culturales. Ese yo se presenta siempre como afirmador de sí mismo e insaciablemente posesivo, ciegamente instrumentalizador de los otros yos, además del conjunto de la naturaleza. Por cierto, que los defensores del sistema tienen este argumento a su favor. Los detractores del mismo dicen que el sistema genera una enorme injusticia y está destruyendo la Tierra… y también ellos tienen razón. Y es verdad también que los intentos, simplemente racionalistas o ideológicos, por sustituirlo han fracasado, degenerando en la creación de nuevas instancias de poder que a su vez han provocado aún peores injusticias y una espantosa violencia. Pienso que no hay salida mientras no se llegue a una transformación profunda del ser humano.

13 diciembre, 2023

PILAR DE ZARAGOZA




       Vista de la basílica del Pilar de Zaragoza, junto al río Ebro y el Puente de Piedra. Cuando se intenta entender el éxito de un santuario mariano, cristiano en general, de otra religión, es preciso atender en primer lugar a la funcionalidad que tiene en cuanto que los fieles acuden a él y muchos logran de hecho un cambio de vida, que es el "milagro" ("miraculum", algo admirable). De este modo todos estos santuarios se presentan como lugares privilegiados de recepción de la Gracia o de presencia de lo divino. La Gracia también se manifiesta en prodigios físicos como las curaciones. Tema aparte es el del fundamento histórico de la "aparición", si es que podemos considerarla real o si quedan dudas. No obstante, en el peor de los casos, siempre permanece lo más importante, el hecho de que tantas personas acudan al lugar buscando a Dios. Creo que cuantas más personas acuden al lugar, este lugar material se hace más apto para ofrecer la Gracia a los que acuden más tarde. Entonces habría que incidir no tanto en la excepcionalidad de una intervención divina sino en la cotidianidad de la presencia divina, que también la crean los hombres que acuden. Se puede ver mi libro "Islam y cristianismo" (Letrame, 2022), especialmente en las páginas 224-25, donde se trata este asunto.

05 diciembre, 2023

EL COMPLEJO "CAP"

       El romanticismo es una mentalidad equivocada, una falsa idea de las relaciones humanas, que domina la literatura y otras artes desde hace siglos y que se acepta acríticamente, provocando verdaderos estragos. Tiene por añadidura una derivación sumamente indeseable que es la violencia machista. Los tres errores, encadenados, del romanticismo se pueden formular con tres palabras: cordialismo, absolutismo y pauperismo. Es lo que yo llamo el “complejo CAP”.
 
       El CORDIALISMO consiste en la pretensión de que el corazón, es decir, el sentimiento, puede dar orientación a la vida: “dejarse guiar por el corazón”. Pero el sentimiento no da orientación: es voluble, con inexplicables altibajos, generando tanto las mejores mociones como las peores. Sólo la razón puede guiar. Otra cosa es que el sentimiento dé la fuerza y, en este sentido, acompañe a la razón para que su actuación sea eficaz. 
      Llamo ABSOLUTISMO a ese planteamiento de máximos según el cual, a la otra persona, hombre o mujer, le entrego todo o se lo niego todo, pudiendo pasar de lo uno a lo otro, además, en un instante. Pero esto es un despropósito, dependiente naturalmente del nefasto sentimentalismo por el que se ama con la misma facilidad con que se odia y se odia con la misma facilidad con que se ama. En una recta y equilibrada visión, cada ser racional tiene sus propios objetivos y, cuando dos de esos seres se juntan para constituir una pareja, cada uno, conservando los propios, se abre a unos objetivos comunes pactados. A nadie puede entregársele todo porque eso sería renunciar a la propia personalidad y es una idolatría de la otra persona. A nadie puede negársele todo porque todos tenemos una dignidad, somos un alguien con dignidad.
      En tercer lugar, cuando hablo de PAUPERISMO me refiero a la pobreza de esas personas que, faltas de ideas y de objetivos, vacías por tanto, necesitan a alguien para dar un sentido a su vida. Yo puedo necesitar a otra persona y buscar en ella comprensión, compañía, conversación, colaboración científica, sexo, y también dinero. Todos estos son bienes de la vida y por tanto pueden y deben ser buscados. Lo lamentable es que alguien busque a otra persona para encontrar el sentido que le falta. El sentido se lo da uno mismo, a menos que carezca de personalidad. ¿Cómo puede dar sentido a mi vida otro ser humano igual que yo en dignidad, alguien que puede fallar moralmente como yo y que puede morir antes que yo? Ridículo. Proporciona sentido algo superior, algo más grande que uno mismo, no algo que está al mismo nivel que yo.

08 octubre, 2023

PARACUELLOS DEL JARAMA


 


            En este lugar de los alrededores de Madrid, se cometieron miles de fusilamientos ilegales en los primeros meses de la Guerra Civil Española. Es una obligación moral, emanada de nuestra humanidad, conmemorar a las víctimas inocentes de cualquier conflicto y de cualquier orientación. 
       Y no instrumentalizar a esas víctimas acusando de haber sido los responsables a quienes hoy tienen una orientación semejante a la de los asesinos de entonces . Cada uno es responsable de lo que hace él mismo, no de lo que hicieron personas del pasado.

12 agosto, 2023

LIBERTAD Y DETERMINISMO

 

       Resulta curioso observar ese dualismo que manifiesta nuestra época a la hora de entender la libertad del ser humano. Esta libertad se exalta a nivel general mientras que, al nivel de un tipo de ciencia que también tiene sus derivaciones divulgativas hacia el gran público, se niega con denuedo. A esto habría que llamarlo desquiciamiento cultural.

         Se exalta la libertad fuera de todo equilibrio cuando se proclama, por parte de algunos literatos, que “puedes ser todo lo que te propongas ser”. Una amiga aquejada de unos persistentes y muy serios problemas de salud, ávida lectora de libros de autoayuda, me comentaba hace años que ese mensaje tan “positivo” no le servía ya de nada, que siempre se encontraba, más allá de ese tipo de exhortaciones y explicaciones optimistas que insistían en el poder de nuestra voluntad, con la realidad sencillamente aplastante de su limitación física. Ahora, en el ámbito de la lucha por la liberación de la mujer, con la pretensión de hacer ver todos aquellos limitantes clichés que le ha impuesto una sociedad patriarcal y opresiva en nombre de la “naturaleza”, se puede llegar a decir que “la mujer es pura libertad”, es decir, que en la edificación de su identidad puede configurarse a sí misma como guste, pues tiene el poder para ello. Por poder, podría configurar no ya sólo el “género”, que por definición es una construcción social que a los individuos se aplica, sino incluso el “sexo”, del que tradicionalmente se ha pensado que es algo recibido e inalterable por su raigambre biológica. Al menos en una rama del feminismo aparece este pensamiento según el cual “la única diferencia entre tú y yo [un varón y una mujer] está en que tú tienes un pene y yo tengo una vagina”. A algunos nos resulta tenebroso este modo de hablar que quiere abolir cualquier diferencia genérica entre los humanos, entre dos formas de ser humano, entre lo femenino y lo masculino, que consideramos, antes que un rol social, una riqueza doble, fisiológica y psicológica, en que lo humano se expresa para complementarse y de ese modo desarrollarse. Ahora bien, quien piensa de aquella otra manera, imbuido de la idea de que todo es construcción social o construcción personal, sólo admitiría como diferencia, en principio, aquel núcleo biológico irreductible e innegable de la genitalidad. Pero incluso esto último podría ser alterado, con los medios actuales… de modo que esa persona que no está de acuerdo con su aspecto externo podría conseguir el pene o la vagina de que no ha sido dotada por el nacimiento. Con ello se estaría llevando a un extremo que antes parecía inalcanzable ese poder sobre la propia configuración, estaría uno avanzando en el camino de la libertad omnímoda. El tema da para mucho y tiene varias derivaciones. De todos modos, lo que me interesa del tema en este momento es esa exaltación de la libertad como una autodeterminación sin límites.

       Desde el lado de la ciencia en general se tiende, por el contrario, a una desvalorización del concepto tradicional de libertad, al que se vendría a considerar, cada vez más, como una especie de mito cultural. La libertad sería, ciertamente, una sensación querida por nosotros, y también algo a defender políticamente, pero “en realidad” no somos libres. El condicionamiento que se nos impone desde la sociedad en la que vivimos y, además, desde nuestro propio psiquismo, hace que se pueda prever, sin margen para una indeterminación (ese margen que constituiría la libertad), lo que será nuestro comportamiento. Ya no se habla, por supuesto, de un alma sino de una estructura neuronal cuyos mecanismos se pueden conocer cada vez con mayor exactitud. Desde esta posición se argumenta, a partir del prejuicio de que todo puede ser explicado de un modo mecanicista, diciendo que, si no podemos explicar totalmente una acción humana, eso es porque no conocemos “aún” todos los elementos que intervienen en ella directa o indirectamente, ni podemos “por el momento” procesar o manejar todos esos “inputs” para elaborar la teoría que los integre satisfactoriamente. Éste es, por tanto, el reino de la necesidad.

       No olvido aquella escena de hace unos años en que una profesora que formaba parte de la tertulia cultural que teníamos en la ciudad de Alicante hizo un encendido alegato en contra de la libertad. Digo “en contra de la libertad” en el sentido de defender desde la “ciencia” (presuntamente) que no hay realmente libertad humana, no en el sentido de que propugnara que se eliminen nuestras libertades políticas o que no haya que respetar la libertad de los demás… Aquí está la paradoja. La libertad seguiría tal vez funcionando al nivel ordinario y coloquial, es decir, “grosso modo”, al nivel macro. Seguiría siendo ella un concepto con repercusiones sociales y jurídicas. Sin embargo, a la hora de examinarla en sus fundamentos, de diseccionarla en su funcionamiento, de observarla con el microscopio (por así decir), se podría llegar a concluir que es una ficción. Lo que más me llamó la atención fue la mirada de desprecio que, sin lugar a dudas, nos dirigió a quienes ya nos habíamos manifestado o bien como pensadores que manteníamos vivo el concepto o bien como creyentes religiosos que atribuíamos un valor sustantivo a la libertad humana frente al mundo y frente a Dios. Pues estaba claro que su alegato, como atea declarada, se dirigía en última instancia en contra de la religión, para la que la idea de libertad es consustancial. Ciertamente, la capacidad de los seres humanos de determinar la orientación de su vida está presupuesta en la propuesta religiosa que implica que uno puede optar por Dios o en su contra, que uno puede obedecer y también pecar. La religión supone la existencia de una libertad real. Aquella profesora de historia dio a entender que la existencia de cárceles no tenía sentido hoy, pues ya no podría haber delincuentes, no habiendo ya una responsabilidad entendida como siempre se ha entendido. O sea que, para ella, sí había consecuencias prácticas, de índole sociológica, de aquella postura teórica en favor del puro determinismo.

       Poco tiempo después, tuve la oportunidad de comprobar la incoherencia de su declaración con alguna manifestación suya en Facebook. Solía hacer fuertes requisitorias contra determinados tipos de personas, de acuerdo con sus fobias. En concreto, al conocerse las noticias de unos abusos de menores protagonizados por eclesiásticos, había calificado a éstos como “monstruos”. Admitiendo que los hechos podían entrar dentro de la categoría, ciertamente imprecisa y subjetiva, de “monstruosidades”, eché en falta la ausencia de aplicación de su teoría, la que previamente había expuesto con vehemencia y seguridad en la pasada reunión. Saltaba a la vista que hacía una criba, entiendo que subconsciente, de acuerdo con la índole de las personas a quienes se trataba de evaluar. Es decir, los hombres, en general, no llegaban a ser “culpables” de los crímenes cometidos, pero sí lo eran en el caso de que el sentimiento de ella fuera previamente adverso hacia ellos. A esto yo lo llamaría una falta de responsabilidad intelectual.

       Por mi parte, sostengo que esa postura, negar teóricamente la libertad, no se puede defender… a no ser que uno esté dispuesto a aceptar las consecuencias prácticas de ella. Y pienso que esa aceptación está por encima de la naturaleza humana. Si existe una persona que tenga una hija o un hijo a quien alguien, también una persona a pesar de todo, haya ocasionado las mayores tropelías y si ese progenitor es capaz de comprender al criminal, hasta el punto de no albergar ningún sentimiento de odio hacia él, ese progenitor será el único que estará justificado para seguir manteniendo dicha teoría. Porque forma parte de la conciencia común que la libertad es real, dado que nadie está completamente por encima del sentimiento de “culpa”, la culpa que atribuimos a los demás o bien a nosotros mismos. Otra cosa muy distinta es la apelación cristiana a la “misericordia”, que está presuponiendo dos cosas: primero, que el hombre es responsable de lo que hace, segundo, que no es “enteramente” responsable. Si el hombre no fuera en absoluto responsable de lo que hace no habría culpa, ciertamente. Y si, en el extremo contrario, el hombre fuera “enteramente”, exhaustivamente, responsable de sus actos, sólo cabría ya el odio hacia nosotros mismos como especie, teniendo en cuenta el grado espantoso de negatividad real que alcanzan los actos humanos. Pero el hombre no es enteramente responsable de sus actos –esto sí es verdad– pues está muy “condicionado” por sus mismos resortes internos y por la influencia social. Pero esto lo ha sabido la tradición cristiana, en su tratamiento teológico del “pecado”, mucho antes de que surgieran las modernas psicología y sociología.

       Y hablando de la tradición cristiana y, más en concreto, de la línea aristotélico-tomista, la más fecunda y ajustada, ésta sí puede ofrecer aún hoy una visión más acertada de la relación entre naturaleza y libertad. Ni el hombre es pura naturaleza, pura pasividad, puro mecanismo biológico, químico o físico, de modo que pudiera preverse su conducta con exactitud, ni tampoco es pura libertad o indeterminación para ser cualquier cosa que se proponga, como irresponsablemente se proclama hoy. Como escribía yo mismo hace poco en relación con la equivocada visión de Juan Manuel de Prada, “el hombre es “naturaleza libre”, lo que implica que, dentro de una base dada, contando con unos límites, sí puede desarrollarse, sí es maleable en alguna medida, sí tiene un margen para la autodeterminación”. Una manera de engarzar espiritualmente los dos niveles, “naturaleza” y “libertad”, es vivir ambos desde la perspectiva de la gratuidad, del agradecimiento por lo recibido. La “naturaleza” de la que participamos es “recibida”. La “libertad” de la que podemos gozar individualmente es también recibida, como el fruto supremo de la naturaleza específica del hombre, como parte de ella. Quien vive en todo el agradecimiento, ni experimenta la naturaleza como penosa sujeción o esclavitud, ni experimenta el ejercicio de su libertad como una especie de rencorosa o prometeica venganza contra la necesidad que representa la primera. Más bien, desarrolla su vida desde lo dado, lo que le ha sido dado, y se lanza a alcanzar lo que puede alcanzar, siempre en referencia al fundamento divino de su vida.



26 junio, 2023

CATEDRAL DE BEAUVAIS


 


       La catedral de Beauvais, departamento de Oise, unos ochenta kilómetros al noroeste de París, nunca se terminó de edificar. Consta del coro y del crucero, pero no tiene las naves que completarían la cruz en el plano. Ostenta la marca mundial de poseer las bóvedas góticas de más altura, 48,50 metros. Después de algunos derrumbamientos y reconstrucciones no mucho más tarde de su construcción en la Edad Media, se encuentra hoy apuntalada en varios lugares de su estructura. Es sin duda un monumento sorprendente. Como otros edificios mastodónticos promovidos por reyes o por diversos regímenes políticos, puede representar muy bien los humanos delirios de grandeza.

21 junio, 2023

JUAN MANUEL DE PRADA, TRADICIÓN E IDEOLOGÍAS

 

       De nuevo me siento obligado, tras una entrevista que le hacen con motivo de su colección de artículos Enmienda a la totalidad, a plantear algunas enmiendas a Juan Manuel de Prada. En mi caso se trata tan sólo de enmiendas parciales.

1. Dice Juan Manuel de Prada que el pensamiento tradicional es la alternativa, la única, a las perversas ideologías modernas. Habría que preguntarle de qué tradición se trata o qué es lo que defiende en concreto, pues no hay una única tradición monolítica, como parece suponer, sino que se dan de hecho muchas tradiciones, que fluyen y se renuevan en el tiempo, que se influyen y configuran mutuamente. Mi pregunta no deja de ser retórica, es cierto. Pues todos sabemos que él se refiere a la tradición católica entendida al modo más rancio, al margen de las últimas renovaciones de dicha tradición, fundamentalmente el concilio Vaticano II. Lo que él defiende es lo que defiende un sector de la Iglesia, que no es toda la Iglesia, aparte de haber en nuestro mundo otras tradiciones cristianas y además tradiciones no cristianas, juntamente con la filosofía occidental, que es otra tradición, y otras tradiciones culturales o de pensamiento. El caso es que cualquier tradición que uno defienda, pensando que en ella está la verdad íntegra o la salvación de la humanidad, tendrá que ser articulada, para que se ofrezca realmente a todos como una opción, en forma de una corriente organizada, de un partido político, de un sistema de ideas, en definitiva, de una “ideología”. El conservadurismo es también una ideología, una nueva ideología que se erige frente al progresismo. Los primeros “conservadores” surgieron tras la Revolución francesa, no antes. Antes no tenían que defender su tradición, pero cuando hubieron de defenderla (a la fuerza ahorcan), se vieron obligados a reflexionar, a escribir y a organizarse, como previamente habían hecho los progresistas. El conservadurismo es siempre una “reacción”. No es algo “original” o “natural”. Y con mayor razón es “ideología” el fascismo, que apareció históricamente como una reacción frente al comunismo, tras la Revolución soviética. Y el “fascismo” se ha definido como una “revolución conservadora” (Barbara Godwin). Los fascistas imitan a los comunistas en ese afán revolucionario, pues no quieren “conservar” lo que hay, quieren subvertir y crear una nueva sociedad, de acuerdo con lo que ellos imaginan que fue aquella sociedad del pasado a la que idealizan. Y los fascistas desprecian a los conservadores, a los que acusan de débiles, de aceptar al final los cambios introducidos por la izquierda, de no tener realmente una alternativa al sistema. El fascismo, como el comunismo, ha utilizado la violencia para instalarse en el poder, y cuando se ha convertido en régimen imperante ha protagonizado, como el comunismo, una espantosa represión de los disidentes. Es verdad que hoy se utiliza la palabra “fascista” como un insulto, y se aplica sin discernimiento a cualquiera que no comulgue con la izquierda que domina culturalmente, pero el fascismo ha existido, y ahora, en todos los países de Europa, hay partidos que bien pueden calificarse como “fascistas” o muy cercanos cuando menos. De modo que no se haga ilusiones Prada pensando que está por encima de las ideologías. No hay la Tradición sin más. Hay diferentes tradiciones que, cuando quieren hacerse relevantes socialmente, se convierten también en “ideologías”.

2. Dice Prada que lo que está extendido en la cultura actual es un concepto nefasto de libertad, una libertad desligada de la verdad y de una naturaleza humana. Sostiene que la naturaleza humana es creada, dada, pertenece a un “orden del ser”. Tiene razón en esto. Pero carga las tintas de un modo erróneo al decir que esa naturaleza es “inalterable”. Es verdad que el ser humano, para utilizar la terminología que en su día hizo popular Sartre, no es el “être-pour-soi”, la pura libertad o indeterminación, pero tampoco es el “être-en-soi”, pura pasividad o inercia. Ni el hombre es pura libertad, error de nuestra época, ni tampoco pura naturaleza. El hombre es “naturaleza libre”, lo que implica que, dentro de una base dada, contando con unos límites, sí puede desarrollarse, sí es maleable en alguna medida, sí tiene un margen para la autodeterminación. Precisamente lo mejor de la tradición católica ha defendido esto, cuando ha señalado que el ser humano es “imagen de Dios”. Dios es creador y el ser humano, a su imagen, es “creativo”, tiene posibilidades inexploradas.

3. Dice Juan Manuel de Prada que la autodeterminación humana que hoy tanto se exalta lleva a que cada uno pueda construir su autobiografía y que una consecuencia de esto es la abominable autodeterminación colectiva, aquella que promueven los nacionalismos periféricos en España. Ahora bien, desde lo antes expuesto, no se puede negar que cada uno puede construir su autobiografía, aprovechando las circunstancias en las que se encuentra y modelando sus propias capacidades. Tampoco se puede negar que existe la autodeterminación colectiva, pues las “naciones” son en última instancia el producto de un consenso histórico (no ciertamente el producto de un frágil consenso tras unas elecciones muy disputadas). Pero las naciones no son eternas. Se puede ver en la historia cómo nacen, crecen, a veces se reproducen, y también mueren. Las naciones sostienen a los individuos en su vida, pero tampoco son nada sin su consentimiento. Y una injusticia secular que no reconoce las peculiaridades de una colectividad minoritaria puede encontrarse con una legítima reacción de esa misma colectividad, organizada ahora en determinados partidos (nacionalistas) que buscan un nuevo estatus.

4. Arremete Prada contra los conservadores, diciendo que son contrarios al pensamiento tradicional, porque siempre terminan “conservando” los logros introducidos por los progresistas. Este desprecio a los conservadores, a los que se acusa de cobardes y de contemporizadores, es ya muy viejo. En este sentido, dice él que el conservador típico es un “fantoche”. En cambio, creo yo que se puede ver la labor de los conservadores como necesaria, la labor prudencial del que selecciona los cambios, o los modera, eliminando sus aspectos destructivos. En realidad, la tradición funciona siempre de esta manera, haciendo permanentemente una criba, y está lejos de ser simplemente mantenedora y esclerotizadora de lo dado, como se ocupó de explicar la hermenéutica de Gadamer. Es lo que también decía Balmes: “no queréis revoluciones, haced evoluciones”.

5. Dice Prada que la “democracia” no es más que una forma de gobierno, entre otras, según los regímenes que se han distinguido desde Aristóteles: monarquía, aristocracia, democracia, etc. Y que lo que importa es utilizar el mejor medio, según las circunstancias, para perseguir el “bien común”. Totalmente de acuerdo. Lo que ocurre es que, para concretar en un momento dado de la historia, en el nuestro, lo que implica el “bien común”, no parece que la “democracia” como procedimiento tenga una verdadera alternativa. Lo mejor, para organizar una sociedad, es el consenso, un acuerdo pactado. Si no se puede conseguir tal cosa, es preferible la imposición de una mayoría numérica a la imposición de una minoría numérica de la población. A no ser que esa minoría pudiera demostrar que es realmente superior. Pero eso es lo que hoy en día difícilmente se demostraría, pues no hay una clase social, una élite, que sea de una naturaleza esencialmente superior al resto de los humanos. En cambio – volvemos a lo mismo de antes – lo que sí hay es diferentes ideologías, desgraciadamente contrapuestas entre ellas, y organizadas en partidos que luchan por el poder.

6. Defiende Prada el auténtico patriotismo como lucha por el bien común del propio país. Dice que la “nación soberana” de los liberales es una “aberración”. Cierto. Pero creo que los enemigos de los nacionalismos periféricos en España, como el mismo Prada, no han reparado en que los argumentos que emplean contra esos nacionalismos pueden volverse en contra de la nación que ellos defienden, que sería España, para ellos indiscutible. Es verdad que “conseguir la independencia” crearía más tensiones y problemas que los que presuntamente se solucionarían. Pienso que el objetivo realista no es ése sino “manejar la dependencia” y beneficiarnos de ella, pues ningún territorio o país es realmente independiente. Ahora más que nunca la dependencia es universal. El bien común que se debe perseguir no es en última instancia el de una nación pequeña como Cataluña ni tampoco el de otra tan sólo un poco más grande como España, sino el bien común universal, aplicando simultáneamente el otro gran principio del orden social, el de subsidiaridad, que ya expliqué en un trabajo anterior. Según este otro principio, complementario del principio del bien común, lo que pueden hacer las entidades inferiores no tienen por qué hacerlo las superiores (de mayor extensión).

10 junio, 2023

CATEDRAL DE AMIENS


 


       La catedral de Amiens (departamento de Somme) es la más grande de Francia y una de las mejor conservadas. Su construcción se inició en 1220. Destacan en ella sus imponentes naves, el laberinto que aparece representado en una parte del pavimento de la nave central y la posesión de la reliquia de una parte del cráneo de San Juan Bautista. San Fermín, nacido en Pamplona, fue, según la tradición, el primer obispo de la ciudad. En el deambulatorio se hallan representadas, mediante unos excelentes relieves de la época renacentista, su llegada a la ciudad, la evangelización de la misma, su martirio y el hallazgo posterior de su cuerpo. La fachada principal es una obra maestra de la escultura gótica. Hay tres portadas, cada una con su parteluz y su estatua correspondiente. Destaca la figura de la portada central, que recibe el nombre de “Beau Dieu”, una imagen de Cristo como juez, de pie, que posee ciertamente una gran belleza. La imagen nos remite a la Belleza como trascendental del Ser, es decir, como condición que, en una u otra medida, se encuentra por doquier en toda la Creación, en cada uno de los seres particulares que reflejan, a su modo particular, la Belleza divina.

30 mayo, 2023

CATEDRAL DE RUÁN


 


       La catedral de Ruán (Normandía, Francia) es una de las más imponentes joyas del arte gótico. En su fachada se aprecian dos torres, una al norte, la de San Román, y otra al sur, llamada “Tour du Beurre”. Debe esta denominación a la manera como fue financiada su construcción, por las limosnas que los fieles ofrecían para poder ser eximidos de la prohibición de la “mantequilla” en el tiempo de Cuaresma. Es patente que en la Edad Media se recurría a este tipo de métodos para conseguir dinero, más allá del sentido auténticamente cristiano que tienen la limosna, una manera de compartir y de desprenderse de lo material, y las prácticas ascéticas, que tienden a un mayor dominio de las propias tendencias corporales. Además de esto, el simbolismo de cualquier torre, no sólo en el cristianismo sino también en otras religiones, apunta también al desprendimiento de los bienes humanos, a los que no se trata de renunciar, lo que sería renunciar a la vida. Por el contrario, los bienes humanos de todo tipo se “disfrutan”, se “agradecen” y se “comparten”. Es lo que, mediante un acróstico, podríamos llamar DAC. Vividos de este modo, los bienes humanos lo son en Dios, lejos de apartarnos de Él.

21 mayo, 2023

VERSALLES





       El palacio y los jardines de Versalles son un buen símbolo (o resumen) de lo que supuso el absolutismo monárquico: la máxima riqueza de una clase alta (familia real y nobleza) basada en la explotación de un pueblo llano, todo ello justificado con teorías del derecho divino de los reyes y de una desigualdad natural entre los seres humanos. La reacción no tardaría en llegar, fundamentalmente de la mano de una nueva clase social burguesa que se erigiría más tarde en “clase media”, una clase que generaría nuevas ideologías muy hostiles a la oficial en el Antiguo Régimen. En varios países, no sólo en Francia, se terminó aboliendo la monarquía e incluso ajusticiando a los reyes. Las nuevas ideologías cometieron algunos errores teóricos y abusos en la vertiente práctica. Pero aquello fue la “reacción”, tal vez “necesaria”, a la “acción” precedente, que es la que “provocó” los abusos que los conservadores lamentaron y utilizaron luego como argumento en contra de los “progresistas”.

14 mayo, 2023

Los burgueses de Calais






       "Los burgueses de Calais" es una de las más conocidas esculturas de Auguste Rodin (1840-1917). El miedo y la inseguridad ante una muerte inminente es un sentimiento humano universal. Hay una relación entre la actitud ante la muerte y la vivencia ética de la vida, pues algunas virtudes, como la valentía y el sacrificio por los demás, sólo son factibles desde un desprendimiento de la vida presente y temporal, desde un distanciamiento del propio yo.

02 abril, 2023

DOS PRINCIPIOS SUPREMOS

        Desde la filosofía personalista, existen dos principios supremos de organización de la sociedad, aquella sociedad equilibrada que tiene como centro a la persona: el principio de subsidiaridad y el de solidaridad o del bien común. Ambos son complementarios e inseparables. Hablan sobre la relación mutua entre las diversas entidades intermedias que van desde el átomo social, que es el individuo, hasta el todo que abarca máximamente, que es la humanidad global. El principio de subsidiaridad es como una flecha que va de arriba abajo. El principio del bien común, de abajo arriba.


       El principio de subsidiaridad se podría formular diciendo, en términos abstractos pero iluminadores, que lo que pueden hacer por sí mismas las entidades inferiores (inferiores en extensión) no tienen por qué hacerlo las superiores. Lo que está arriba ha de servir a lo que está abajo, pero no suplantarlo. Aquella función, por ejemplo, para la que una familia se basta, educar o alimentar a unos hijos, no habría de cumplirla una entidad superior, como una asociación del tipo que sea o el Estado. Ahora bien, cuando de hecho no se basta, entonces sí puede venir alguna de esas entidades en ayuda, “subsidio”, de la misma familia, un subsidio que no sería una sustitución, sino que serviría para corregir, complementar y perfeccionar. De la misma manera un gobierno de un país ha de respetar la autonomía de entidades como ciudades, regiones, etc. O una entidad supranacional no podría anular la competencia de los Estados… Tampoco la familia puede anular a los individuos que la componen (cosa que se da, por cierto, en una sociedad patriarcal). Ni un posible gobierno mundial, deseable por el principio de solidaridad, podría hacer "tabula rasa" de todas las diferencias culturales y convertirse en una tiranía homogeneizadora. La entrega de una “renta universal” a los ciudadanos, en nombre del principio de solidaridad, podría ser coherente con este principio de subsidiaridad, pero también podría llegar a oponerse si conllevara desestimar el valor del autoperfeccionamiento y del propio trabajo de los individuos, que dejarían de ser sujetos creativos para convertirse en vegetales a los que hay que mantener (por no eliminarlos). El principio de subsidiaridad se opone al colectivismo.

       El principio de solidaridad se podría formular diciendo que la máxima perfección de cada entidad inferior está en buscar conscientemente el bien de las entidades superiores, por lo que, paradójicamente, ha de relativizarse a sí misma para realizarse. Podemos decir que, en algún aspecto, ha de sacrificarse por ellas. Y este principio se aplica, igualmente, en todos los niveles. Un individuo forma parte de una familia y se esfuerza por el bien de ella, adquiriendo de esa manera su máximo bien humano. Pero la familia es a su vez parte de entidades más amplias, a las que necesita por el principio de subsidiaridad, del mismo modo que las sirve y las construye. Y el Estado, así como la nación, no es un absoluto. Lo sería para el nacionalismo, que exalta lo propio y devalúa o ignora lo ajeno. Y cuando una nación agrede a otras, entonces se convierte en enemiga del bien común. Y el patriotismo sólo es legítimo si se considera a la nación, a la que uno ama, como parte de un todo más amplio y, por lo mismo, superior. Y las naciones, además de delimitar contornos muy discutibles y variables, sólo se pueden concebir como partes de la humanidad. El principio de solidaridad se opone al individualismo.

       Concretando un poco más en el terreno de las ideologías imperantes, no hace falta decir que el liberalismo niega este último principio, el de solidaridad, así como el comunismo niega el de subsidiaridad. El nacionalismo podría negar ambos principios en cuanto que, al entronizar una nación que se imagina como absoluta (que a nadie ha de rendir cuentas), pudiera ésta, esclavizando a los mismos individuos que la componen, negar a la vez toda referencia a un todo superior. La nación no es el centro. Sólo puede serlo la persona, que ni ha de ser anulada (por una solidaridad mal entendida) ni tampoco ha de ser aislada del entorno que le da sentido (lo que sucede cuando se exacerba el otro polo).

       Se ha decir, por último, que esta doctrina de los dos principios complementarios e inseparables no es un intento reciente de síntesis de esas ideologías tan parciales y excluyentes que acabo de nombrar. Por el contrario, hunde sus raíces en la filosofía aristotélico-tomista. También tiene que ver con una antigua visión teológica que concibe las relaciones Dios-hombre en clave de mediación: Dios se nos manifiesta a través de sucesivas mediaciones descendentes y nosotros le respondemos a través de esas mismas mediaciones en dirección ascendente, como en una escala. Porque Dios, en esta visión a la vez cristiana y neoplatónica, siendo fuente primera de todos los bienes particulares, es a la vez el bien supremo en que confluyen todos los bienes inferiores participados. Y las ideologías antes nombradas tienen el origen de su perversión precisamente en el olvido de este correcto equilibrio antropológico según el cual la persona es un fin, un todo en sí mismo, y, simultáneamente, parte de un todo más amplio que es la sociedad.



22 enero, 2023

UN DIOS PROHIBIDO

      Gran obra la película Un dios prohibido, dirigida en 2013 por Pablo Moreno. Trata del martirio de 41 seminaristas claretianos y de otros religiosos y seglares, asesinados todos ellos al comienzo de la guerra civil en la localidad de Barbastro (Huesca). Se cuentan las últimas semanas de su vida en el marco de la situación del pueblo, que se hallaba controlado en aquel momento por las milicias anarquistas de la CNT. Cuando hablamos de “martirio” no hablamos de una situación extrema en que unos fanáticos pudieran encontrarse porque ellos se la han buscado, situación que pudiera estar acompañada de detalles escabrosos sobre muertes y torturas, situación más propia de otras épocas… No, sino que hablamos de algo esencial a la vida cristiana, vida que es identificación con Jesucristo y “testimonio” de él ante los demás, mediante obras y palabras. Este “testimonio” o “martirio” es para vivir todos los días de la vida. Ahora bien, pudiera este testimonio de largo aliento concluir, ciertamente, en una muerte violenta, cuando la oposición al bien termina por solidificar en personas, grupos o instituciones que están dispuestas a infligir la muerte a los discípulos de Cristo por el hecho de serlo. Y cuando en esa situación extrema de enfrentamiento, aceptar la muerte (que no suicidarse) es ya la única manera de seguir viviendo con dignidad, es entonces cuando se consuma el “martirio”, que ahora lo es ya en el sentido coloquial del término. El verdadero discípulo de Cristo provoca oposición y esta misma oposición es signo precisamente de su autenticidad. Y esta historia de oposición llega hasta hoy mismo…

       En definitiva, es el odio que se enfrenta al amor y el amor que vence al odio. Cuando hablo de “amor” y de “odio” no me refiero a dos grupos perfectamente identificados, de modo que unos son los que odian y otros, sus oponentes, los que aman, una historia simple y caricaturesca de buenos y malos. En realidad, los que aman, aun habiendo hecho ya su opción fundamental, son continuamente tentados y en ello mismo purificados o perfeccionados. También pudieran caer e incluso están a punto de ello. Por otro lado, sus perseguidores, aun contando con su inicial dureza de corazón, por la impresionante fortaleza de los primeros, pueden llegar a sentirse conmovidos y replantearse su actitud. También los que son odiados llegan a preguntarse por qué son objeto de semejante animadversión y a veces se percibe al menos un inicio de autocrítica en ellos. Todos estos sentimientos y procesos mentales, de unos y de otros, aparecen magníficamente dramatizados en la película.

       Esta obra nos invita a pensar, más allá de situaciones históricas concretas (conocidas y recordadas con pasión por muchos de nuestros conciudadanos españoles), en el sentido de la vida. Cuando una vida se vive en coherencia o en fidelidad a una idea o a una persona, esa vida, al final, resulta fecunda. Además, por lo mismo, impacta en los demás. Sólo una persona coherente puede ser influyente para el bien (ahora que hay tantos “influencers” que quieren vendernos cosas innecesarias). Y una vida que no se entrega, se pierde. Y si uno vive con dignidad perseverante, la muerte será la corona de esa perseverancia, aunque sea una muerte anodina en un hospital por una pandemia de Covid. Ahora bien, en determinadas circunstancias históricas, la misma vida nos exigirá convertir nuestra muerte, inevitable de todos modos, en el testimonio supremo y radical de lo mismo que hemos vivido. La muerte, así, se presenta como una prueba a superar, la última y definitiva, prueba que, como todas las pruebas, también implica la posibilidad del fracaso.

       Esta es mi lectura de la película. Sé de sobra que otra lectura es posible, la de quienes la podrían utilizar como arma arrojadiza en contra de enemigos políticos actuales, la de quienes ven a los asesinos del pasado (los que han muerto ya, lo mismo que sus víctimas) como aquellos que han precedido a los que son ahora sus mismos vecinos pero piensan diferente. “Vosotros sois los que fusilaban en el 36…” Parece mentira que se razone así, con tal ausencia de lógica y con tanto odio, haciendo una simple identificación entre los hombres del pasado que asesinaron y los contemporáneos a quienes se detesta. Resulta que los unos inculpan silenciosamente a los otros de esos crímenes del pasado y, además, los otros se dan por aludidos porque su reacción defensiva es siempre recordar a los oponentes los crímenes de ellos, y en ello se están autoinculpando… Unos y otros se hallan recluidos, pues, en el mismo esquema mental. Realmente penoso. En fin, que los mártires de Barbastro, que ya vencieron en la batalla, rueguen por nosotros, que aún estamos en la lucha (y aún vivimos en la ignorancia).


                                                      


14 enero, 2023

CONGRESO DE BIOÉTICA

      Hace pocos días, en el programa Buenas Noticias de Televisión Española, se hablaba de un congreso de bioética que había sido organizado desde la perspectiva protestante. La presentadora Beni Moreno preguntaba al director del programa José Pablo Sánchez que qué había que pensar sobre temas tales sobre la clonación. La primera reacción de José Pablo fue decir que esa era una buena pregunta para hacer a los que habían participado en el congreso. Beni le insistió: “Sí, pero podías decir tú algo…” Para mí fue un momento feliz, mágico, pues la carcajada de la presentadora, al decir esto, coincidió exactamente con la mía, que estaba viendo el programa y que también soy Moreno de apellido. José Pablo continuó exponiendo que la Biblia no decía nada sobre temas así y que, según algunos, tendríamos entonces libertad para actuar, dado que la palabra divina no da orientaciones concretas. Ahora bien, especificó, hemos de actuar con “responsabilidad”.

      Me parece que decir eso es demasiado obvio y que hay que concretar un poco más, pues los temas que hoy tenemos a la vista en el campo de la bioética, en su complejidad técnica y con sus arduas derivaciones sociales, nos obligan de hecho a reflexionar y, para ello, a disponer previamente de unos criterios éticos que no podríamos sacar únicamente de la Biblia como quien saca consignas de acción para una batalla. Entiendo que en el mundo evangélico también admiten esto, y la prueba es que también ellos organizan congresos sobre esta difícil materia… Pero, en fin, me gustó la conversación entre Beni y Juan Pablo por lo que tuvo de ejercicio de una sana autoburla. Enhorabuena.

03 enero, 2023

NAVIDAD O SOLSTICIO DE INVIERNO

 

En estos días de Navidad, días de felicitaciones mutuas –nos deseamos unos a otros paz y felicidad, valores indudablemente humanos–, se aprecia una oscilación en cuanto a la denominación de la misma fiesta. En unos se observa un intento de secularizarla, que se refleja cuando evitan mencionar el nombre de “Navidad”, que equivale a “nacimiento” (del Salvador, según la doctrina cristiana), y prefieren hablar de “Felices Fiestas” simplemente, o incluso se aventuran a una rompedora, y tal vez retadora, denominación de la fiesta como “Solsticio de Invierno”. En otros se observa la reacción frente a esto último e insisten en que los cristianos hemos de mantener no solo la denominación sino también, por supuesto, la esencia específicamente cristiana con sus significados y sus valores propios.

     La consideración de la historia nos lleva, entiendo yo, a ser algo más tolerantes. Es preciso reconocer que la Navidad cristiana es el resultado de la “cristianización” de una fiesta pagana dentro del Imperio Romano, en el siglo IV. La tarde del 24 de diciembre los mitraístas y otros encendían fogatas para ayudar al sol a elevarse por encima del horizonte, justo el día del solsticio de invierno, cuando el periodo diurno es más corto. Y unas décadas atrás, en 274, el emperador Aureliano había constituido en oficial el culto del “Sol Invictus”, modo de culto en que sería más tarde educado el propio Constantino. No se tardó en identificar simbólicamente a Cristo, quien realmente ilumina a los cristianos, con el astro que rige nuestros días. Por eso se consideró convencionalmente que Cristo nació un 25 de diciembre. A poco atentamente que se lean los relatos de la infancia en los evangelios de Mateo y de Lucas, se observará que no aparece nada relativo a una fecha de invierno, o de ninguna otra etapa del año, para situar cronológicamente el nacimiento del Mesías. Este procedimiento de fijar las fiestas en el calendario se rige por el criterio de “si no puedes vencer a tu enemigo, únete a él”. Y es un procedimiento utilizado por todas las religiones, sin que pueda atribuirse en exclusiva al cristianismo. Luego bien podemos decir que una fiesta que fue “pagana” en su origen se transmutó en “cristiana” sin demasiados traumas y más tarde, es decir, ahora, se está transmutando de nuevo en cuanto que se cambia otra vez el significado: se le quita lo que tiene de específicamente cristiano, que es nada más y nada menos que el dogma central del cristianismo, la Encarnación. Así que no cabe quejarse, aunque sí se hace preciso mantener la coherencia de aquellos que nos confesamos cristianos para dar un testimonio convincente, con motivo de esta fiesta, de aquello en que creemos.

       Es como si hubiera una permanencia del “tiempo festivo” por encima o por debajo de las diversas religiones concretas que lo ocupan en momentos sucesivos. Sin duda que la dimensión festiva es esencial al ser humano, como lo es también la religiosa. Parecido fenómeno puede observarse con relación al “espacio sagrado”. Sin salir de nuestro país nos encontramos con numerosas iglesias o catedrales que se erigieron en el mismo espacio que habían ocupado anteriormente las medievales mezquitas musulmanas, integrando a veces determinados elementos arquitectónicos de ellas. Ahora bien, no se puede decir que las mezquitas fuesen lo “original”, pues ellas se edificaron en determinados casos sobre iglesias visigodas o cristianas en general, las que, a su vez, se construyeron en muchas ocasiones sobre templos romanos. A lo que habría que añadir que los romanos reaprovecharon a veces los santuarios religiosos que había en la época prerromana, dando a sus propios dioses nuevas denominaciones de acuerdo con los teónimos indígenas, y buscando fusionar los cultos nuevos con los antiguos…

       Podéis ver fotos de la hermosa catedral renacentista y barroca de Guadix, que visité en los días anteriores a la Navidad, en el emplazamiento de la antigua mezquita musulmana. Por cierto que, desde la elegante torre del siglo XVIII, se pueden apreciar bien los restos romanos que hace pocos años fueron descubiertos en la plaza aledaña, entre ellos los de un teatro. Así que Feliz Navidad a todos.




                                       




                                           


                                         

                                            




                                            

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