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15 mayo, 2026

LA DUDA RELIGIOSA

 

                                   



Jorge Luis Borges conoció en una ocasión a otro Jorge, argentino como él, Jorge Bergoglio. Decía de él que era un hombre inteligente y cultivado, con quien se podía hablar de cualquier tema. Y añadió:

Pero hay algo que me alarma un poco; he observado que tiene tantas dudas como yo. Lo cual no sé si está bien en un religioso. Mi madre se hubiera horrorizado de una cosa así.

       Se pregunta Borges cómo puede ser que un religioso tenga "dudas". Si se mira con rigor, una cosmovisión religiosa concreta, como puede ser el cristianismo, el islam o el budismo, es sólo una visión que pertenece al ámbito "metafísico", no al "científico" ni tampoco al ámbito "ordinario o vital". La certeza de las afirmaciones que uno pueda proferir en ese ámbito será siempre la menor posible, la más débil. Dios en cuanto objeto de conocimiento es el más lejano, el más oscuro, el más inaccesible. A un objeto así lo que corresponde es la conjetura, sobre todo teniendo en cuenta que incluso la conjetura es lo que corresponde cuando se trata de objetos más accesibles. Y las diferentes cosmovisiones religiosas son muy diferentes entre sí, pero todas ellas son “compatibles con el mundo”, en el sentido de que no son refutadas por los hechos concretos del mundo, aquellos que se experimentan. Es decir, que los dogmas religiosos ni se comprueban ni son susceptibles de comprobación. Sin embargo, a pesar de todo esto, es verdad que, de hecho, las personas religiosas, en contra del sentido común y de una sana epistemología, atribuyen a todo lo que pertenece al ámbito de su religión, la máxima certeza, una seguridad incuestionable. Esto significa, para empezar, una forma de violencia contra ellos mismos, pues se ocultan a sí mismos los “hechos incómodos”, aquellas evidencias que van en contra de la construcción. También es en muchos casos violencia contra los demás, pues el que está completamente cierto de lo suyo no entiende la certeza de los demás, la que otros tienen con relación a otra cosmovisión diferente, y quiere convencerles de que la suya no es válida, como si fuera un gran engaño.

       También puede ocurrir que el creyente se sienta en el fondo inseguro al percibir esa certeza de los otros y entonces se defiende externamente mediante la apologética, que es la razón humana despojada de su virtualidad crítica de las creencias establecidas y puesta al servicio de una cosmovisión concreta. La apologética, por sí sola, no convence a nadie. El apologeta, más bien, intenta convencerse a sí mismo, y no lo consigue del todo. La contundencia de su expresión, triunfalista de su propia religión, es más bien un mecanismo para ocultar sus propias dudas a los demás y ocultárselas en definitiva a sí mismo…

       No tengamos miedo a la duda. Ella es germen de un conocimiento mayor y más preciso, por ser más matizado.


18 agosto, 2024

PUENTE DE BALMASEDA




 



       El puente medieval de Balmaseda (Vizcaya) se eleva con su porte elegante sobre el río Cadagua. Este puente, como cualquier otro, permite unir dos orillas, para aquel que se tome la molestia de caminar de una hacia otra. Construir puentes entre las personas y las visiones del mundo es obra de los "pontífices". Uno se convierte en "pontífice", en este sentido etimológico, cuando sabe salir de su propia visión, no para renunciar sin más a ella, sino para corregirla y completarla. Cada objeto de contemplación y, más aún, el conjunto de la realidad a nuestro alcance, ofrece múltiples perspectivas, llamadas a encontrarse. Como es proverbial decir, la realidad es poliédrica. 
       Una persona "dogmática" sería aquella que no acepta esta complejidad de lo real, que se recluye en su certeza particular, buscando subterfugios para no exponerse a los argumentos o experiencias que van en contra de ella. Piensa equivocadamente que perder esa certeza adamantina significaría descabalgarse de la Verdad, aquella Verdad que se dio íntegra al principio y que hay que mantener como se dio entonces, sin quitar ni poner nada. Ahora bien, este tipo de mentalidad no se da sólo en el campo de la religión sino también en las diversas ideologías que luchan enconadamente entre sí. Ya los antiguos filósofos de la escuela escéptica señalaron que la actitud predominante en una persona así es el “miedo”. Se trata del miedo de que, por el contacto con los otros, uno mismo empiece a dudar de lo propio. 
       Este mensaje que llama a la construcción de puentes y de confluencias, en una época como la nuestra, de exacerbadas confrontaciones ideológicas, de polarización política de las sociedades, es más relevante y más necesario que nunca.

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