Buscar este blog

25 enero, 2024

“FIDUCIA SUPPLICANS”






       

       El pasado mes de diciembre se ha publicado, por parte del Dicasterio para la Doctrina de la Fe del Vaticano, un documento sobre “el sentido pastoral de las bendiciones”. Esta reflexión sobre las bendiciones tiene como objetivo explicar cómo se puede justificar bendecir a las parejas homosexuales (y también a aquellas otras heterosexuales en situación irregular, es decir, aquellas que se encuentran fuera del matrimonio canónico). Me interesa la reflexión en sí sobre la bendición y también, cómo no, las consecuencias que se sacan de cara al tratamiento en la Iglesia de las personas homosexuales.

       El primer principio que se establece es que Dios bendice siempre. La bendición (“bene-dictio”, decir bien) se confunde con la misma obra de creación y de conservación en el ser de todas las creaturas. Yo mismo, en cuanto ser creado, soy objeto de la bendición de Dios o, mejor, soy bendición de Dios, de la misma manera que lo son otros humanos y todas las cosas creadas que nos rodean. “No odias nada de lo que hiciste” (Libro de la Sabiduría 11, 24). Efectivamente, la bendición es fruto del amor o, también, se confunde con el amor. El documento habla de una bendición “descendente”, ésta de la que estamos hablando, y de una bendición “ascendente”, aquella que surge de las criaturas y que se dirige al creador, basándose en una actitud de profundo y justo agradecimiento. Habría también una bendición horizontal, aquella que se extiende de unos humanos hacia otros, coherente en la medida en que todos participan de la misma bendición radical “descendente” y todos pueden unirse voluntariamente en una misma bendición “ascendente”. A la bendición no es ajena la exigencia moral, pues en la misma creación de Dios hay un ordenamiento natural que, en el caso del hombre, se convierte en imperativo ético. Y la bendición de tipo ascendente ha de incluir, en consecuencia, el mismo amor que lleva al respeto de tales leyes insertas en la creación. En términos más sencillos, la bendición “descendente” significa que Dios nos bendice al crearnos, la bendición “ascendente” que nosotros podemos bendecir a Dios en agradecimiento, la “horizontal” que podemos bendecirnos unos a otros en el amor.

       Pues bien, las bendiciones rituales que se dan en la Iglesia por parte de sus ministros, aquellas que se incluyen como fórmulas en los libros oficiales, en los “rituales” (como la bendición de una vivienda, de un vehículo, de un animal…) y las que se dicen para otras situaciones que no están previstas, habrán de responder a la dinámica general de las bendiciones. Además, habría dos grados de bendiciones, las que están vinculadas a los “sacramentos”, y las que son meros “sacramentales”. La distinción que se hace de “sacramento” y “sacramental” se refiere a que el primero es un signo cuya institución se retrotrae al mismo Cristo, tal como podemos comprenderlo a través del Nuevo Testamento (Bautismo, Eucaristía…), mientras que el sacramental es un signo instituido por las autoridades de la Iglesia sin una conexión explícita con el Cristo histórico y con el propósito de hacer concreta la bendición de Dios de todas las situaciones humanas legítimas (una comida, un viaje, una situación de dificultad…). No todas las bendiciones han de estar escritas y ritualizadas pues siempre cabe, obviamente, la espontaneidad que surge de las mismas situaciones humanas y de un corazón centrado en Dios que, por lo mismo, bendice siempre. Pero también ayudan a veces las fórmulas, pues sabemos por experiencia que no todo lo que se inventa sobre la marcha está maravillosamente expresado y que es conveniente tener a dónde recurrir cuando las palabras espontáneas son deficientes.

       Y entonces llegamos al punto en discordia… ¿Se puede bendecir a una “pareja homosexual”? El documento insiste en que tal bendición no implica el reconocimiento de la relación como tal, como si ella fuese ordenada en sí. Tampoco habrá de impartirse –así se indica– en conexión con una ceremonia civil de unión, como un matrimonio, pues en tal caso no podría ser interpretada de otra manera que no fuera la de que se está concediendo un reconocimiento religioso que complementa al civil. Habría de darse la bendición en situaciones en que se expresa la fe de los creyentes, como una peregrinación o la visita a un santuario. Se entiende que tales situaciones suponen tal contexto de fe y, además, se entiende que si los creyentes piden la bendición con humildad, están aceptando implícitamente que la vida es un camino de conversión progresiva. De ese modo, aun en el caso de que su situación actual no sea ordenada, la misma bendición puede constituirse en una llamada a dicha conversión.

       Todo esto suena un poco forzado. Una muy clara objeción es que será inevitable que los “fieles” –que nadie tendría por qué negarles tal condición– buscarán de hecho, subconsciente o conscientemente, el que la Iglesia les dé un “placet” o una “licencia”. Porque, una de dos, o unos homosexuales son autónomos moralmente para tener por sí mismos un convencimiento de la bondad de sus acciones, en cuyo caso no necesitan la bendición pues ya la tienen de un modo natural, o, si no lo son, buscarán el amparo de una institución que les otorgue esa seguridad que les falta, como un halo sagrado añadido, para sentirse tranquilos.

       Sin embargo, podemos dar un nuevo giro. Llegados a este punto, una pregunta ulterior podría formularse: ¿es que no ha habido otras ocasiones en que las iglesias cristianas, históricamente y también hoy, han “bendecido” situaciones moralmente confusas o incluso muy negativas, o es que no se han dado, sin llegar a eso, abundantes bendiciones en situaciones chabacanas, de muy poca finura espiritual y de ignorancia? ¿Qué se puede decir a quien aduce que se han bendecido las armas y las guerras con las que se ha causado tanto dolor y destrucción, cuando ha interesado, mientras que se sigue teniendo una obsesión por condenar este tipo de conductas relacionadas con la sexualidad? Y también, en el ámbito de la religiosidad popular, tantas veces se da la bendición a gentes inconscientes, que parecen gustar de ella y la piden sin ton ni son, mientras su vida, en diversos aspectos, no está en sintonía con el Evangelio. Y, hablando de inconsciencia, también se bendice a los animales, en cuyo caso no se da ciertamente una inmoralidad, pero sí una amoralidad de los mismos… Con todo este panorama comercial, en que parece que la bendición se vende demasiado barata, a qué tanta exigencia de rigor cuando se trata de los homosexuales, aquellos que en otros ámbitos podrían ser, tal vez, más dignos de la bendición por ejercer un compromiso ético laudable.

       Lo de que seamos o no “dignos de bendición” habría ciertamente que explicarlo, o corregirlo, de acuerdo con el sentido genérico de la bendición a que antes aludimos. Está claro que la bendición, antes que nada, es un don del creador. En ningún caso podríamos ser acreedores de bendición o, expresado con otro término, de Gracia. También es verdad que la bendición, tanto la que damos como la que recibimos, lleva consigo, desde el lado de nuestra libertad, una voluntad de realizar siempre el “bien”, en lo que hallamos la dignidad moral. Porque la bendición –volvamos ahora al análisis de las palabras– no puede desligarse del “Bonum” que Dios es y del que nosotros participamos. Por todo esto, creo que la mejor y más coherente práctica es no negar la bendición a nadie, aunque la moral de las personas o de las situaciones sea presumible o realmente deficiente. Pues la “bendición” incluye ya una tensión o una lucha hacia el bien, “bendición” que es acompañamiento a los que no llegamos aún a donde deberíamos, “bendición” que depende de la bendición de Dios, la que pensamos incondicional. Pues quien niega la bendición a determinadas personas se expone a que lo observen con más rigor, para ver si está a la altura del “rigor” que él exige.




No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por participar en el blog.
Se respetuoso, este blog tiene habilitada la moderación de comentarios.
Los autores del blog deben aprobar todos los comentarios.

Entradas mas visitadas